Emuladores, el vicio sin fin
Emulador: “Dícese de algo que emula o compite con otro”. De acuerdo, la definición no ha sido demasiado aclaratoria, pero eso no quita que le dé un toque culto al texto que nunca está de más. Cuando hablamos de emuladores en informática, a pesar de que la definición sigue siendo válida, solemos referirnos a programas que nos permiten ejecutar juegos de videoconsolas en nuestro equipo.
Por supuesto, hay otros tipos de emuladores, pero son los de consolas los que “causan sensación”, pues te permiten revivir juegos de tu infancia -o de hace unos años, por lo menos- sin tener que enchufar un armatoste anticuado a tu televisor, o ponerle las pilas a la consola portátil.
Se podrían dividir en dos tipos: aquellos en los que puedes usar el juego original para jugar (poco comunes, principalmente los de PlayStation), y los que utilizan una “imagen” de los mismos llamada ROM. Dado que es prácticamente imposible para un usuario de a pie obtener una ROM de, digamos, un cartucho de Nintendo que posea, se encuentran disponibles para descargar por Internet, si bien para no infringir la ley sólo puedes hacerte con aquellos juegos que poseas legítimamente.
